| Al acometerse unas obras en la Torre Turpiana de la mezquita mayor de Granada (actual iglesia del Sagrario, una de las tres que componen el conjunto de la Catedral de Granada) para transformarla en iglesia, se produjo el hallazgo de un cofre donde, en un pergamino aparentemente antiguo, se explicaba que, en breve, serían hallados unos textos de origen muy antiguo en los que se daría una revelación a la cristiandad. El pergamino apareció en marzo de 1588, día de san Gabriel, junto con un hueso y otra reliquia textil, con textos en árabe, en latín y en castellano, siendo arzobispo de Granada Juan Méndez de Salvatierra. [...]
Tal y como anunciaba el manuscrito, a los pocos años del hallazgo en la Torre Turpiana, en la primavera de 1595, unos buscadores de tesoros que revisaban los laberínticos pasadizos del Monte de Valparaíso los encontraron. [...] Los libros estaban escritos en lengua arábica, antiquísima, con caracteres salomónicos bien formados y enteros en los que, junto a algunos misterios de la fe católica, también se leían los nombres y el tiempo y los martirios de los santos.
Estos libros, compilación de leyendas e historias sagradas inspiradas de la cultura escrita y oral, eran una última tentativa de supervivencia del islam en un contexto francamente desfavorable. Aunque la pretensión de los moriscos autores de los textos, probablemente Miguel de Luna y Alonso del Castillo, no era restaurar el islam, sí pretendían realizar un sincretismo religioso de doctrinas cristianas y musulmanas. [...]
El hilo conductor de este novelesco argumento era la unión de las dos principales tradiciones religiosas aún presentes en la península. Los textos encontrados incluían, en una libre reescritura de los hechos bíblicos, la concepción inmaculada de la Virgen María, el origen paleocristiano de la Iglesia de Granada y datos biográficos concretos del primer obispo granadino, San Cecilio. Contenía asimismo elementos clave de la fe islámica; se decía que la raza y la cultura de San Cecilio eran árabes. Además, proclamaba una reivindicación de la lengua y de la cultura árabes, incluida como una de las preferidas por Dios al poner en boca de la propia Virgen María: alabanzas a esta civilización y su cultura. También se incluyeron en estos elementos alabanzas a la ciudad de Granada, colocándola como un modelo a seguir tanto para la civilización y la cultura cristiana como islámica. [...]
Después de casi un siglo de la aparición de los libros, en 1682, y de los muchos intentos por clarificar el asunto, incluido el de Ignacio de las Casas (que los declaró heréticos y una falsificación [en 1598]), el de los autores del “engaño”, Alonso del Castillo y Miguel de Luna, (que también declararon no poder realizar una buena traducción, debido a la antigüedad y dificultad de la letra), el papa Inocencio XI promulgó un decreto de condena de los Libros Plúmbeos y de su contenido. Posteriormente, los Libros Plúmbeos fueron enviados a Roma y permanecieron hasta el año 2000 en la cámara secreta del Vaticano, de donde partieron hacia su actual emplazamiento del Museo del Sacromonte.
Fuente: REQUESENS MOLL, César de. "Ignacio de las Casas, un sabio jesuita morisco conciliador de dos mundos. Parte II". En: El Legado Andalusí [https://www.legadoandalusi.es/revista/ignacio-de-las-casas-2/] |