Por Miguel Ángel Díaz. 18085).

El pasado 30 de junio, a las siete de la tarde, hora en los que los maquillajes corrían por las mejillas de las señoras y los caballeros secaban sus frente con blancos pañuelos hasta llegar a la parroquia de San Nicolás, se celebró el enlace matrimonial de nuestro compañero Leandro con Toñi, una muchacha bastante maja y digna heredera del “Cuerpo”.
La celebración trascurrió entre los sones del cuarteto de cuerda de la Orchestra Civitas Granaetensis y gorgoritos de una soprano de renombre internacional, que nos pide guardemos su nombre en secreto, y la emoción esperada de los contrayentes por el fin de sus respectivas libertades, reflejando cogotes (que es lo que se les veía) compungidos.
A la salida del Templo hubo alegría y alboroto general por la una nueva pareja, felicitaciones y besos a la novia y besos a la novia y besos a la novia...
Momentos después la pareja desapareció para hacerse unas fotos de recuerdo, rastreando los miembros de esta Agrupación los lugares más típicos para estos eventos para hacer que la pareja sonriera pero consiguieron reservar este momento para un exclusivo grupo de personas, muy a pesar nuestro.
Los novios tuvieron la gentileza de invitarnos a una cena en un conocido hotel de Granada, donde todos pudimos departir con ellos momentos más relajados y más sosegados, entre exquisitos platos del mar y de la tierra pasando por la huerta con unas originales patatas “puenting”.
La fiesta finalizó a altas horas con un baile, aunque esperamos que la “fiesta” continuase hasta altas horas, por el bien de la pareja.