A menudo, mientras pertenecí al Área Sanitaria, alguna compañera de la misma me decía que tenía miedo ante la posibilidad de enfrentarse a un servicio en el que se encontrara con una víctima con graves heridas. No estaban seguras de si sabrían actuar, de si se bloquearían, de si no les atenazaría el pánico y les impediría atender a la víctima con la pericia necesaria.
Este miedo es muy frecuente. A lo largo de nuestra vida nos han dado conocimientos que después no usamos y acabamos olvidando. Pero para eso existen las prácticas, el reciclaje (aunque sea forzoso), y la necesaria rotación en los puestos en los que más se requieran estos conocimientos. No digo que se coloque a una persona totalmente inexperta sola en una ambulancia, pero si digo que he visto actuaciones más concienzudas de simples socorristas frente a auxiliares de transporte sanitario por el simple hecho de haber ido más veces en la ambulancia y haber cogido más experiencia.
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También es cierto que no todos nacemos con la misma disposición ante la vida. Hay gente "más echada para adelante" que son capaces de hacer frente a lo que se le venga, ya sea un mal día o el peor accidente que hayáis visto.Pero también es cierto que los títulos de socorrismo no se dan gratuitamente, sino tras pasar muchas horas de prácticas y superar un durísimo examen, que la mayoría supera, pero que no por eso deja de ser difícil. Además, y tal vez esto sea lo más importante, los que nos encontramos inmersos en el tema del voluntariado somos gente que nos gusta ayudar y esa simple disposición nos hace, de primeras, estar un paso por delante en la necesaria predisposición para atender las necesidades de los demás.

Muchos de nuestros compañeros y compañeras, con ese mismo miedo a actuar, tuvieron que enfrentarse finalmente con él. Graves accidentes hemos tenido que afrontar últimamente (Corpus, Día de la Cruz, etc.) y si bien, después, recordando el momento les ha podido dar un bajón en el ánimo, mientras actuaron lo hicieron con pericia y confianza.
Miles de veces he oído las mismas palabras de duda y después las he visto ser las primeras en reaccionar para salvar una vida. La primera vez que yo tuve que atender dos cortes seguidos me dio un ataque de estrés, cuando ya iba por el quinto me había tranquilizado y al final del día me faltaban heridos para cubrir las ganas de prácticas que tenía.
Y es que el socorrismo engancha. Si eso lo supiera la gente corriente se apuntarían en masa en Protección Civil o en Cruz Roja o en cualquier otro servicio de Voluntariado sanitario.

Mi primer título de socorrista me lo saqué por aburrimiento: había terminado los exámenes de Junio y quedaba una plaza para un curso de la ESPA en Sevilla. Cuando el profesor de allí nos preguntó las razones por las que nos habíamos apuntado por poco me morí de vergüenza. Empecé a escuchar a compañeros de toda Andalucía contando como estaban deseosos de aprender más para actuar mejor, como hablaban de las actuaciones que habían hecho de las que habían visto realizar y de lo que esperaban aprender del curso. Y yo estaba allí de vacaciones...Pero como he dicho: el socorrismo engancha, a las pocas horas ya me había puesto las pilas y me pasé toda la semana durmiendo apenas cinco horas diarias porque nos quedábamos haciendo prácticas por las noches con los compañeros y repasando el material didáctico de la jornada. Hoy cuento con dos especialidades en socorrismo terrestre, una en transporte sanitario y otra en socorrismo acuático.
Entonces ¿Cómo saber que serás capaz de actuar en el momento necesario?. Pues lo siento: no hay manera de saberlo de antemano, lo averiguarás en ese momento preciso, para bien o para mal. Pero si te puedo decir algo: los socorristas tenemos un "chip" insertado en la mente. A mi no me gusta especialmente la sangre (a excepción de la morcilla, que me encanta a pesar de lo mal que me sienta), pero siempre que me he encontrado ante un accidente me ha cambiado el "chip" y no lo he visto como algo asqueroso. No veo la herida como un corte y vísceras y sangre... veo una herida inciso-contusa con hemorragia que debe de ser limpiada, esterilizada, taponada y con traslado al centro sanitario (y perdonarme la jerga pseudomédica).
Desde que empecé en este mundillo me he encontrado con muchísimos accidentes. Al principio llegas a creer que tienes un imán para atraerlos, pero después comprendes que antes pasabas de ellos y ahora te paras a ayudar. Y en ellos he aprendido dos cosas: que siempre hay algún idiota que quiere mover a las víctimas y que yo tenía esa capacidad para concentrarme en el herido y no pensar en nada más.
Siempre he creído que no hay nada más bello que salvar una vida, y te lo digo desde la experiencia, es la sensación más gratificante que se pueda tener, saber que hay gente por ahí andando gracias a ti. Puedes esconderte debajo de una piedra y eso no te alejará de los malos momentos, la vida encuentra caminos y por desgracia algunos de ellos nos llevan a situaciones catastróficas.
Ahora que tienes oprtunidad, prepárate con tus compañeros mas experimentados y aprende todo lo que puedas y el el día de mañana tal vez salves la vida de un ser querido... o incluso la tuya propia.
Un abrazo y buen servicio a todos.
Guillermo Burgos, 18029