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Servicio Contra Incendios y Protección Civil
AGRUPACIÓN DE VOLUNTARIOS
Revista GR-0: Numero 3 | |
| Sección: 09. Rincón Literario |
| Título: CUENTO DE NAVIDAD. |
wgr0
(Por José Fernández,18454)
Llevaba un año muy cargado. El estrés, el trabajo, su situación personal y familiar, hasta incluso mundial, le preocupaban y agobiaban y le hacían tener aquellos dolores de cabeza que desde hacía tiempo no había vuelto a tener, al menos desde su época de estudiante.
Ese día amaneció como todos, con su mente confusa e inquieta y aquellos latigazos en las sienes... era el 5 de Enero, víspera de Reyes y pensó que, por la tarde, sería una buena vía de escape el participar en el servicio previsto para la Cabalgata de Reyes. Sí, quizá esto podría ayudarle a olvidar momentáneamente todas esas situaciones y servirle un poco –o un mucho- como evasión. Así que no lo pensó más y decidió ir por la tarde y a la hora prevista, a GR-0, a su Agrupación, para incorporarse como un voluntario más al servicio.
La Cabalgata discurría como todos los años, con el frío en los huesos, la amenaza de lluvia y el gentío invadiéndolo todo, tratando de conseguir un caramelo más o un sitio mejor donde poder ver a Sus Majestades y a su séquito. Lo mejor de todo era ver la alegría de la gente y la sonrisa de los niños. Llevaba grabados en su mente, como imágenes fotográficas, esas escenas.
El servicio terminó sin mayores incidencias ni contratiempos. Cuando hubo regresado a su casa y tras haberse duchado y puesto cómodo, nuestro anónimo voluntario se dispuso a acostarse. El dolor de cabeza había desaparecido y lo hizo sólo con contemplar esas caras de los niños y de la gente que parecía ser feliz en esos momentos. Ya acostado, siguió pensando, con gusto, en esas escenas y en el significado de las Navidades...
El cansancio, aliado del sueño, logró vencerlo y, al poco tiempo, nuestro voluntario quedó sumido en un profundo y reconfortante sueño...
Aquéllas próximas Navidades debían ser especiales para D. Cosme y Federico, su nieto de 7 años. Ambos vivían solos en una modesta vivienda de los arrabales de la ciudad. Aun contando con algunos pocos ahorros, la escasa pensión del abuelo de Fede, como se le conocía popularmente en el barrio, no daba para muchas maravillas. Por eso su abuelo, que era un consumado manitas y que había trabajado toda su vida como carpintero, se había afanado en buscar unas maderas, y trabajaba día y noche en ellas, sacándoles un montón de astillas con su vieja navaja. Poco a poco, como un escultor, fue tallando en ellas piernas, brazos, tronco, cabeza, etc., todo ello debidamente articulado.
La idea de D. Cosme era confeccionar un muñeco de madera, como los que él tenía cuando era niño y que con tanto amor y sacrificio le hacía entonces su padre, también carpintero. No podía evitar D. Cosme recordar a su padre, del que había aprendido su oficio y que había fallecido hacía ya muchos años, pero que para él seguía estando muy vivo en su corazón.
Con ese muñeco que ahora fabricaba con sus propias manos siguiendo los consejos y la técnica que aprendió del oficio de su padre, se buscaría unas pesetillas más –bueno, unos euros más- y podría pasar junto a su querido nieto unas Navidades sin estrecheces.
Fede asistía a todo este proceso con los ojos muy abiertos, observando cómo día a día el muñeco iba tomando forma.
El abuelo empezó a ensamblar las piezas y a terminar definitivamente el proceso, pero...cuando fue a pegar el tronco, encontró que se le había terminado la cola y salió un momento a buscar más. Fede, para hacer tiempo mientras tanto, salió un rato a la calle para ver si se encontraba con alguno de sus amigos. Al no ver a ninguno se sentó en la acera y mantuvo por unos instantes su mirada sobre un objeto pequeño, reluciente, con forma de corazón, que yacía en medio de la calle. Lo recogió y vio que se trataba, efectivamente de un pequeño corazón de oro. Lo recogió y entró de nuevo a la casa con él. Aprovechando que su abuelo no había regresado aun, introdujo el pequeño corazón de oro en el tronco aun no cerrado del muñeco de madera...
Al rato, llegó su abuelo con la cola que le hacía falta para terminar su trabajo. Terminó de encolar las zonas faltantes, de pintar debidamente al muñeco y de darle los últimos toques. Cuando hubo terminado vio a su nieto tan absorto que le preguntó si quería ponerle un nombre al muñeco...
-“¡Palote!”, dijo Fede sin pensárselo dos veces. Así que, de común acuerdo y a partir de ese momento, abuelo y nieto pensaron que Palote les ayudaría a pasar unas Navidades inolvidables.
A partir del día siguiente, Fede y su abuelo salieron acompañados de Palote a visitar jugueterías para tratar de venderlo y sacar así ese dinerillo extra que les hacía falta. Ahí empezó todo. No era tarea fácil que, en unos tiempos tan “modernos” como los que corrían, nadie estuviese interesado en un muñeco de madera por muy artesanal que fuese:
-“No, si no le digo que no sea precioso.Es que ahora los niños no juegan con estas cosas, prefieren una videoconsola de última generación, una muñeca Barbie que tiene X complementos o el último coche teledirigido, que es capaz de subir pendientes de hasta un 15%...”
-“Será artesanal y todo lo que Usted quiera, pero le digo que esto no es comercial. D. Cosme. Desengáñese, este muñeco no se lo comprará nadie. En sus tiempos podría ser...pero hoy, olvídelo...”
Estas eran, entre otras muchas, algunas de las “razones” que le esgrimían los jugueteros.
- “¡Bah!. ¡Qué entenderán estos mentecatos!”, pensaba D. Cosme.
Finalmente decidió acudir a la juguetería de su buen amigo Arturo. Seguro que él sí valoraría a Palote y le compraría, por su justo precio, aquel muñeco.
Cuando los dos amigos se vieron y, tras saludarse cordialmente, hablaron de lo que se trataba, el buen Arturo comprendió que D. Cosme trataba de venderle el que su nieto pasara una Navidad feliz, como hacía años que no pasaba. Arturo, unos años más joven que D. Cosme y de gran corazón, alabó su trabajo, le dijo que estaría dispuesto a comprárselo y le preguntó el precio. Haciendo creer a D. Cosme que lo creía barato, le entregó en metálico el doble de lo que éste le pedía. Los dos amigos se despidieron con un fuerte abrazo en la tienda y también lo hizo Fede de Palote, que sabía que éste no era un muñeco cualquiera; era un muñeco con corazón, un corazón de oro que él mismo había puesto en su pecho. Cuando D. Cosme salió de nuevo a la calle con su nieto de la mano, respiró hondo el frío aire de la ciudad y, como si se hubiera descargado de un gran peso, se dirigió de nuevo hacia su hogar.
Arturo estaba solo en su tienda. Tomó en sus manos a Palote. Lo observó atentamente. Los años de experiencia en el sector de la juguetería y los suyos propios, que ya no eran pocos, le hacían saber que aquel muñeco era una verdadera pieza de artesanía. Así ya no se fabricaba nada a no ser por capricho de alguien o de algún coleccionista loco. No obstante, sabía también que a nuestro Palote no lo vendería jamás pues su clientela se inclinaba hacia otro tipo de juguetes.
Tras contemplarlo detenidamente lo depositó en su trastienda-almacén, de donde Arturo iba reponiendo las ventas y encargos para Reyes de los juguetes que exponía en el escaparate.
Por fin ese día apagó las luces internas de la tienda y marchó a su casa cansado de la jornada pero contento por haber ayudado un poco a un entrañable amigo a pasar junto a su nieto unas Navidades mejores.
En la trastienda había un gran debate; todos los juguetes hablaban sobre sus excelencias y virtudes. Cuando le preguntaron a Palote qué es lo que él podía hacer, si tenía pilas o si funcionaba con algún otro sofisticado mecanismo, éste no supo qué contestar y se limitó a decir que él sólo podía ilusionar a los niños para hacerlos felices. Todos los juguetes se rieron. Una Barbie de ojos verdes le dijo que sólo ella podía ilusionar a los niños porque además de un gran tipazo, tenía coche y una especie de novio o algo así, llamado Ken, cosa que ninguna otra muñeca tenía. Por otro lado, la orgullosa videoconsola dejó claro que ella era lo último en tecnología, y que tenía una velocidad de yo-no-sé-cuántos giga o megabytes –qué se yo- y unos gráficos alucinantes de alta resolución.
Ante todo ello, Palote decidió callarse. En un rincón observó cómo había un viejo caballo de madera y se acercó a él.
-“No les hagas caso”, le dijo el caballo. -“Yo llevo aquí más de 40 años y he visto pasar por esta tienda toda clase de juguetes, pero nunca tan soberbios y orgullosos como los de estos tiempos. Es lógico que los tiempos cambien, que las modas y los gustos varíen y las tecnologías avancen, pero no que se sea tan falso como todos estos mendas. Lo que no saben es que sus materiales no son resistentes, sus vidas dependen de las baterías o de la corriente eléctrica y, sobre todo, que jamás lograrán desarrollar la imaginación de los niños y hacerles felices, que es la principal función de un juguete”.
Palote, después de haber escuchado tan sabias palabras de su nuevo amigo, se quedó algo más tranquilo, pues además él sabía que tenía un corazón, un corazón de oro.
Por fin llegó la tan ansiada noche de Reyes. Entre los encargos y los envíos que Arturo tuvo que realizar la tienda quedó casi vacía de género. Sólo se encontraban en la trastienda Palote y el caballo de madera.
-“¿Ves?”, le dijo el caballo. –“Yo ya llevo muchos años aquí como ya sabes. Nadie me quiere. Viví tiempos gloriosos en los que cualquier niño hubiera dado cualquier cosa por jugar conmigo, pero hoy, un año más, me quedo solo en esta trastienda, esperando que el bueno de Arturo se harte y me tire a un contenedor o, lo que sería peor, me haga astillas para su chimenea”.
-“Pues yo no estoy dispuesto a quedarme aquí, viendo pasar la vida sin hacer nada, y perdiendo el tiempo, así que me voy”, le dijo Palote y añadió:
-“Si no luchas por cambiar las cosas y te motivas por hacerlo éstas podrán contigo”. Esta frase dejó pensando al viejo caballo de madera y éste le preguntó:
-“¿Que te vas?, ¿adónde?”.
-“A darme una vuelta por la ciudad y ver qué ambiente hay en esta noche de Reyes. Al menos me gustará saber qué pasará mañana cuando amanezca”.
-“Estás loco, pero respeto tu decisión. Creo que podrás salir por el respiradero del lavabo. Te deseo que tengas suerte en tu aventura y que compruebes por ti mismo todo lo que te he dicho”.
Palote se despidió de su amigo y, no sin dificultad, salió a través del respiradero del lavabo de la juguetería, tal y como el caballo de madera le había indicado y...saltó a la calle.
El frío era glacial pero él, al ser de madera, no lo sentía. Empezó a andar y, después de un buen rato, se encontró en las afueras de la ciudad. Junto a un montón de basuras y escombros vio a una muñeca Barbie, idéntica a la presuntuosa con la que había estado hablando cuando estuvo en la juguetería, pero ésta estaba destrozada, le faltaba un ojo y parte de su bonito pelo, además de tener un brazo desarticulado...
-“¿Qué te ha pasado Barbie?.
-“Soy de la Navidad anterior. La niña de la casa me pidió a los Reyes Magos el pasado año. Jugó conmigo durante meses hasta que vinieron a la casa otras muñecas y me dejó abandonada en el cuarto trastero. Allí permanecí hasta que el gato de la casa entró y comenzó a arañarme y destrozarme sin yo poder hacer nada. Cuando me descubrieron al hacer limpieza del trastero, decidieron deshacerse de mí y me arrojaron a este montón de basura, donde llevo ya varios meses esperando acabar definitivamente en el vertedero municipal. Seguramente este año mi anterior ama habrá pedido a mi hermana gemela, que ahora viene con coche y hasta novio, y podrá entretenerla más que yo...”
Palote no supo qué decirle o quizás sí, pero prefirió seguir callado y continuó andando. Estaba ya muy a las afueras de la ciudad, en una zona próxima a un monte que se encontraba bastante horadado por cuevas que, a veces, servían de refugio a pastores y a sus ganados, a mendigos, indigentes, etc. De una de ellas vio salir una luz tenue. Se acercó y vio a una joven madre acunando a su hijo recién nacido, que no paraba de llorar.
La joven madre le dijo a su marido:
-“José, la hoguera se está apagando y Jesús tiene mucho frío. Trata de conseguir ahí fuera algunos papeles o maderas para tratar de reavivarla”. El marido salió y volvió al rato tan sólo con unos cuantos papeles de periódico que poco o casi ningún calor podían ofrecer a su hijo.
-“María, sólo he podido encontrar estos papeles de periódico. Por más que he buscado no encontré maderas, que es el mejor material para dar calor y para las hogueras”.
-“Bueno, ¡qué le vamos a hacer!. Pondremos a Jesús entre nosotros y trataremos de darle nuestro calor y de dormir también nosotros un poco”.
Así lo hicieron. Palote no lo dudó un instante y, poco a poco, fue introduciéndose en aquella mortecina hoguera que, a medida que iba consumiéndolo, se reavivaba cada vez más, dotando a la pequeña cueva de una temperatura agradable. El temblor y el llanto del Niño se calmaron y toda la Familia pudo descansar al amor de la hoguera alimentada por Palote. Éste se sentía extraordinariamente feliz porque por fin había hecho realidad su sueño: el hacer feliz a un niño y sólo por el mismo, sin más artilugios ni superficialidades.
Con los primeros rayos del alba se fue iluminando aquella improvisada estancia. Los rayos de sol también llegaron hasta el montón de cenizas que se encontraban aun humeantes en la hoguera; entre ellas destacaba un objeto brillante, tan brillante como esos primeros rayos de luz del alba: se trataba de un corazón, del corazón de oro de Palote...
Sonó el radio-despertador. La costumbre de dejarlo programado de un día para otro hizo que sonara como si de un día de trabajo normal se tratara a la hora habitual, lo cual no pareció importar demasiado a nuestro voluntario. Una suave melodía se dejó deslizar por el altavoz y, lentamente, fue sacando a nuestro voluntario de su profundo sueño. Era la mañana del día de Reyes.
Pensó en las imágenes grabadas en su mente de la noche anterior en la Cabalgata, en la felicidad de la gente y de los niños y, sobre todo en el buen sueño que había tenido esa noche. De un salto se puso en pie y se preparó para seguir viviendo, con renovadas fuerzas, los todos días que aquel Nuevo Año le pondría por delante...FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2002 A TODOS.