Evita el uso innecesario de plásticos y recicla.
*Fuente: National Geografic, noviembre 2014. Texto de Eva van der Berg.
Moldeable, resistente, impermeable, imperecedero, económico... el que fuera uno de los materiales estrella del siglo pasado se ha convertido hoy en un verdadero problema a escala planetaria. Fabricamos y utilizamos todo tipo de objetos plásticos desde hace apenas dos o tres generaciones pero el aluvión de residuos que hemos generado es descomunal. Se estima que desde 1950 se ha producico unos 6000 millones de toneladas de este material, suficiente para cubrir todo el planeta con una envoltura de plástico. Hay restos plásticos de diversa índole en todos los océanos del mundo y aunque la magnitud global de esta contaminación es aún una incógnita las muestras obtenidas durante la expedición Malaspina que el CSIC llevó a cabo en 2010 apuntan que la cantidad de plástico que hay en los océanos es de decenas de miles de toneladas y que cantidades todavía mayores están siendo transferidas desde la superficie a los organismos y aguas más profundas.
Durante aquella campaña de circunnavegación, Andrés Cozar, investigador de la universidad de Cádiz lideró el programa "Plásticos en el Océano Global" . "Todos los muestreos realizados durante la expedición a bordo de los buques oceanográficos Hespérides y Sarmiento de Gamboa se desarrollaron en aguas oceánicas alejadas de las zonas costeras ocupadas por el hombre. Sin embargo, aparecieron plásticos flotando en el 80% de la superficie muestreada" afirma el ecólogo. Hasta ahora se había documentado la existencia de acumulaciones de plástico en las zonas centrales del Pacífico Norte y el Atlántico Norte. "Pero la expedición Malaspina ha demostrado la existencia de cinco grandes acumulaciones de residuos plásticos en el océano abierto, dos en el hemisferio Norte y otros tres en el Pacífico Sur, Atlántico Sur e Índico·, añade. Estos cúmulos son generados por la circulación superficial de las aguas marinas organizada en torno a cinco grandes giros que actúan como cintas trasportadoras. "estas recogen el plástico flotante procedente de los continentes y lo agrupan en las zonas centrales de las cuencas oceánicas. A lo largo de este recorrido, los objetos se resquebrajan y se fragmentan debido a la radiación solar, pero los trozos más pequeños, llamados microplásticos son bastante estables y duraderos y pueden perdurar varios centenares de años", explica el científico.
Hoy resulta chocante recordar que el primer material plástico se inventó para defender el medio ambiente. Fue durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando el billar era el juego de moda entre la alta sociedad estadounidense y europea. El acopio de marfil necesario para fabricar las bolas desató una matanza indiscriminada de elefantes en especial en Ceilán, donde, según denunció el Times en aquellos años, más de 3.500 ejemplares fueron abatidos en tres años. Por suerte, en 1853 un proveedor de bolas de billar neoyorquino prometió una fortuna a quien propusiera una buena alternativa,. Y el inventor John Wesley Hyatt aceptó el reto. Tras pasarse años trabajando con diversas mezclas fallidas en 1869 consiguió el primer material plástico de la historia: el celuloide, una mezcla de celulosa, etanol y alcanfor, que aunque al principio no resultó idónea para fabricar bolas de billar, revolucionó la industria del cine y la del peine la cual hasta entonces se abastecía de otro material poco sostenible a largo plazo: los caparazones de las tortugas. Hyatt estaba orgulloso de su invento y lo publicitaba desde su compañía: así como el petróleo salvó a la ballenas de la extinción (se dejó de matar a estos cetáceos para obtener el aceite que se usaba como combustible para las lámparas), el celuloide evitaría la muerte de elefantes y tortugas. Tras el plástico de origen natural de Hyatt vinieron muchos más, completamente sintéticos -la baquelita fue el primero_ y casi eternos. En la actualidad, la mayor parte de este material se obtiene a partir de compuestos orgánicos, derivados del refinado del petróleo. Sin duda, Hyuatt se quedaría de piedra si hoy pudiera ver una de estas "sopas de plástico".
Como debió de quedarse también el capitán californiano Charles Moore en 1997 cuando, a bordo de su buque oceanográfico Alguita, vislumbró bajo el casco una aglomeración tan brutal de residuos que puso en alerta a la comunidad internacional. Auqnue su existencia ya había sido predicha por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos mueve años antes, Moore fue el primero en observar in situ una de estas "sopas". Desde entonces se ha dedicado a divulgar el problema y a documentar la dimensión de estas grandes áreas donde confluyen los residuos formando inmensas islas flotantes de basura compuestas por fragmentos de todos los tamaños a veces tan diminutos que son difíciles de ver a simple vista. Unos minúsculos cachitos que los animales confunden con zooplacton. Minúsculos y numerosísimos porque, según documentó Moore en 1999, la masa de fragmentos de plásticos presente en la aglomeración del Pacífico Norte era seis veces superior al zooplacton.
Pero los efectos de los residuos plásticos sobre la biodiversidad va más allá de las áreas donde confluyen cada uno de los cinco giros. También en el mediterráneo los plásticos proliferan en el estómago de nuestras aves marinas, como evidencia el estudio realizado por un equipo del departamento de Biología Animal y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona, El estudio es el primero que cuantifica la ingestión de plásticos en aves marinas en el Mediterráneo
La solución a tamaño problema no es fácil ya que el coste de retirar estas exorbitantes cantidades de desperdicios es inasumible para cualquier nación y encima, esas aglomeraciones se hallan en tierra de nadie. En segundo lugar, porque a cada minuto que pasa la cantidad de plásticos en el mar va aumentando sin parar, ya que los humanos seguimos tirando nuestros desperdicios de forma descontrolada desde cualquier parte del planeta.
Pero limpiar los océanos amenazados por la basura que nosotros hemos generado es posible. Iniciativas como la de The Ocean Cleanup supondrían reducir la acumulación de plástico en un 50% en los próximos 10 años.
Más información: supermercados sin envases
Berlín fue la primera ciudad en inaugurar un establecimiento “libre de envases” y ahora París le sigue con una propuesta similar. Los beneficios de esta tendencia son muchos, el primero y más evidente es la reducción de residuos. Hay otros aspectos positivos, sin embargo, que quizás no sean tan evidentes a primera vista pero están implícitos en esta práctica. Si los productos no llevan envase, deben venderse a granel, lo que nos permite comprar exactamente lo que necesitamos. ¿Por qué comprar cuatro yogures si solo necesitamos dos? ¿Por qué comprar un litro de leche si solo beberé medio? ¿Por qué comprar 600 gramos de cereales si solo comeré 200 antes de que el resto de la caja se reblandezca? A granel, ajustamos más la compra a nuestras necesidades y, por extensión, no solo ahorramos dinero sino que además reducimos la cantidad de comida que termina caducada en la basura. Menos envases, además, supone también más comodidad en casa, ya que almacenar los residuos de reciclaje (cartón, vidrio, latas…) se acaba convirtiendo en un engorro. Por último, sin packaging de por medio, sin envoltorios coloridos y con un diseño atractivo, sin marketing en definitiva, nos olvidamos de “comer por los ojos” para comprar solo lo que realmente necesitamos o nos apetece
Como todo en la vida, sin embargo, los supermercados sin envases también tienes sus “contras” y es que comprar un pack de 6 huevos es mucho más sencillo que llevar una huevera y procurar que lleguen a casa sanos y salvos. Coger un paquete de arroz, uno de lentejas y otro de garbanzos, a priori, también es más cómodo que llevar tres tupper distintos y cargar con ellos a la ida y la vuelta de la compra. Los envases, por lo tanto, nos lo ponen algo más fácil. Hay algunos productos preparados, además, que requieren obligatoriamente de envasado para no perder sus propiedades y poderse conservar en el tiempo.
Otro consumo es posible
Aunque la iniciativa de los supermercados sin envases todavía no se ha implantado en España, la cultura sostenible ha llegado a nuestra cesta de la compra de otras muchas formas. La principal vía ha sido la de los productos ecológicos, que cada vez ganan más espacio en los lineales de los supermercados generalistas y se hacen populares en establecimientos dedicados exclusivamente a ellos, como OOBI en Barcelona, un supermercado con más 6.000 productos ecológicos, vegetarianos y veganos, el más grande de este tipo en la Ciudad Condal. En Granada El Encinar es una asociación de productores y consumidores ecológicos pionera en nuestra ciudad en el cultivo de productos ecológicos. Otra tendencia cada vez más implantada es la de los productos de kilómetro 0, es decir, que llegan a nuestra cesta desde los lugares de cultivo o cría más cercanos posibles, lo que nos garantiza la máxima frescura. Y es que lo orgánico se sirve cada vez más en restaurantes
Las evidencias lo demuestran, la sostenibilidad crece en el sector de la gastronomía y eso es porque la demanda crece y, de ser así, ¿cuánto tardaremos en ver en España un supermercado sin envases?
Más información: Davos 2016


